Hacía frío de septiembre en Bogotá. Nos encontramos por casualidad una tarde de miércoles de esos insípidos y grises. Ante la amenaza de las nubes que rugían de lluvia, nos tomamos un agüita aromática a los pies de un árbol que nos había visto crecer a cada una en la universidad. Estábamos las dos en las mismas: un poco perdidas, un poco queriendo acabar la carrera, un poco queriendo largarnos del país, un poco con ganas de ponerse la pijama y acostarse a dormir.
Hablando de planes a futuro, acabamos conversando de lo que queríamos luego de graduarnos. Sin tener idea de la ingenuidad de mis palabras le conté que quería ir a Australia y al Sudeste Asiático. Se le achiquitaron los ojos de la sonrisa tan grande que se le tatuó en la cara cuando me contó que ella estaba planeando el mismo viaje. Le dije que me moría por ir a Myanmar y a Indonesia, ella dijo que se derretía por Laos, Camboya, Tailandia y Vietnam… hablamos un ratico mientras caían las primeras gotas de lluvia y así, con toda la utopía del mundo, nos propusimos ahorrar para salir corriendo al fin del mundo mientras nos acabábamos el cunchito -ya frío- de la agüita aromática.
Abrazos de Cota y Juli. Bendito aquel día frio de Septiembre!!!!
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