Recorrí mis mismos pasos intentando alcanzar mis pisadas, para saber que el sitio familiar por el que crucé una y mil veces, estaba idénticamente cambiado.
Sofía&María
Bitacorta: Cuaderno de pensamientos cortos
lunes, 9 de mayo de 2016
miércoles, 27 de abril de 2016
Abrumada
Apenas cierras los ojos, un millón de imágenes y
sentimientos te envuelven, te rozan, te cantan, te silban, y tú, tú te abrumas.
Te imaginas un millón de lugares que todavía no conoces pero que has visto en
millones de fotos de otras personas, sin embargo, no sabes cómo se siente
realmente estar ahí. Tu imaginación se vuelve loca y empiezas a divagar y a
especular sobre lo que vas a vivir, pero sabes que nada de lo que estás
pensando va a asemejarse a lo que realmente va a ser.
Los días
previos a uno de esos viajes, esos viajes que te cambian y reconstruyen
todo lo que eres, son días en pausa. Esos días dejan de existir, te vuelves un
ser que está ausente o presente pero a medias, porque tu cabeza está divagando
por todas las posibilidades y decisiones que se te van a presentar, entras y
sales del mundo de fantasías que estás creando. En esos días, tu mente se
prepara porque sabe que muy pronto va a tener que enfrentarse a experiencias
que te llegarán hasta la raíz, que van a tomar quien crees ser y te van a hacer
enfrentarte hasta a lo que crees más propio. Sabes que vas a tener que
replantear quién eres y eso hace que tu ausentismo aumente. No sabes muy bien
que sientes, estás sensible, confundido, emocionado, tienes ataques
inentendibles de una nostalgia que no sabes a qué atribuir, de repente, una
risa incontrolable llega y no puedes hacer nada al respecto y al final, vuelves
a tu mundo de fantasías. Esos días previos, son días de espera, días de no
entender qué te está pasando ni de poner en palabras todos esos pensamientos y sentimientos que te abruman e inundan hasta lo más profundo de ti. Todos te dicen que debes estar muy feliz y emocionado por lo que te espera, y si, claro que si, pero nadie tiene en cuenta esa incertidumbre.
Es curioso también querer decir adiós, ¿adiós por qué si vuelves en un par de meses? Puede ser que lo que uno es en este momento va a morir en el viaje, y un nuevo yo va a volver, una persona llena de conocimientos y perspectivas nuevas, y ese ser antiguo, con el que te identificaste toda tu vida, no volverá. Puede que esta sea la nostalgia que tanto te ataca, el pensar que lo que eres actualmente se irá modificando con las experiencias y con aquellos seres que irán plasmando nuevos colores y texturas en tu vida. Y nuevamente vuelves al estado ausente.
Soundtrack: https://www.youtube.com/watch?v=KBirmaiucHg
Soundtrack: https://www.youtube.com/watch?v=KBirmaiucHg
Génesis
Hacía frío de septiembre en Bogotá. Nos encontramos por casualidad una tarde de miércoles de esos insípidos y grises. Ante la amenaza de las nubes que rugían de lluvia, nos tomamos un agüita aromática a los pies de un árbol que nos había visto crecer a cada una en la universidad. Estábamos las dos en las mismas: un poco perdidas, un poco queriendo acabar la carrera, un poco queriendo largarnos del país, un poco con ganas de ponerse la pijama y acostarse a dormir.
Hablando de planes a futuro, acabamos conversando de lo que queríamos luego de graduarnos. Sin tener idea de la ingenuidad de mis palabras le conté que quería ir a Australia y al Sudeste Asiático. Se le achiquitaron los ojos de la sonrisa tan grande que se le tatuó en la cara cuando me contó que ella estaba planeando el mismo viaje. Le dije que me moría por ir a Myanmar y a Indonesia, ella dijo que se derretía por Laos, Camboya, Tailandia y Vietnam… hablamos un ratico mientras caían las primeras gotas de lluvia y así, con toda la utopía del mundo, nos propusimos ahorrar para salir corriendo al fin del mundo mientras nos acabábamos el cunchito -ya frío- de la agüita aromática.
Hablando de planes a futuro, acabamos conversando de lo que queríamos luego de graduarnos. Sin tener idea de la ingenuidad de mis palabras le conté que quería ir a Australia y al Sudeste Asiático. Se le achiquitaron los ojos de la sonrisa tan grande que se le tatuó en la cara cuando me contó que ella estaba planeando el mismo viaje. Le dije que me moría por ir a Myanmar y a Indonesia, ella dijo que se derretía por Laos, Camboya, Tailandia y Vietnam… hablamos un ratico mientras caían las primeras gotas de lluvia y así, con toda la utopía del mundo, nos propusimos ahorrar para salir corriendo al fin del mundo mientras nos acabábamos el cunchito -ya frío- de la agüita aromática.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)